Los cristianos somos muy similares al pueblo de Israel en el desierto. Dios nos da alimento simple, sabroso y saludable, libre de carne de animales, pero nosotros nos quejamos y pedimos el bistec, las alitas de pollo, la carne asada, y el pescado frito. ¿Y que hace Dios con nosotros? Pues todo lo que un padre amante haría con sus hijos: nos vuelve hacer claro su voluntad, nos advierte de los peligros, y nos deja libres para que elijamos.

 

"Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demostró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseñó la misma lección. Sacó a los israelitas de Egipto, y emprendió la tarea de educarlos para que fueran su pueblo. Por medio de ellos deseaba bendecir y enseñar al mundo. Les proporcionó el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino el maná, "el pan del cielo." Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carne de Egipto, les fue concedido alimento animal, y ésto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Siguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y en privado, de modo que nunca se hizo permanente.

 

Al establecerse en Canaán, se permitió a los israelitas que consumieran alimento animal, pero bajo prudentes restricciones encaminadas a mitigar los malos resultados..." (EGW)

 

Es triste ver como muchos cristianos hoy tratan de justificar su consumo de carne diciendo cosas como, "Jesús comió pescado (o cabrito)," "no me juzges en comida," "nada que entra por la boca contamina al hombre," "el reino de Dios no es bebida ni comida," etc. Pero la verdad es que todos ellos están ciegos al contexto de esas sus citas Bíblicas favoritas e ignoran o rechazan por completo lo que otros pasajes Bíblicos si dicen sobre el plan de Dios para nuestra alimentación. La influencia de estos profesos cristianos en las iglesias trae confusión a la hermandad ya que por su ejemplo contradicen el mensaje de reforma pro-salud que Dios nos ha dado en su Palabra. 

 

Decidamos hoy volver, paso a paso, a las sendas antiguas. No más permitamos que nuestro apetito pervertido nos controle. Aprendamos de los errores cometidos en la antiguedad por el pueblo de Israel. 

 

"Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa,

hacedlo todo para la gloria de Dios." 1 Corintios 10:31

 

Autor: Jacinto Flores Jr., MDiv