Hubo un tiempo en que cada iglesia Adventista contaba con su “cuarto de escuela” donde “instrucción de la Biblia” era dada a los niños. La iglesia y la escuela eran inseparables. A cada nuevo grupo de creyentes se le proveían tres cosas: (1) el lugar de reunión, (2) el cuarto de escuela, (3) un maestro con “verdadero espíritu misionero.” Todo ello necesario para “la permanencia y estabilidad de la obra.”

 

Nuestros pioneros sabían lo que es poner a los niños en terreno ventajoso. Estaban conscientes de los peligros de las escuelas públicas.

 

¿Y qué de malo hay con las escuelas públicas? ¿Porque es que estas escuelas no son seguras para los hijos de los guardadores del Sábado? Hay dos razones principales:

 

          1. Sus maestros enseñan errores e ideas en oposición a la verdad.

 

     2. Satanás usa a los niños maleados y estropeados en esas escuelas para corromper el alma de nuestros hijos.

 

Es lamentable ver hoy como las cosas han cambiado. La mayoría de nuestras iglesias están sin su “cuarto de escuela” y por ende sin maestros misioneros. Nuestros niños (y jóvenes), casi todos, se encuentran ahora mismo recibiendo una educación mundana y arriesgada en las escuelas públicas. ¡Pobres de nuestras criaturas!

 

Consideremos por un momento la peligrosa situación en que se encuentran la mayoría de nuestros niños:

 

Primero, el estudio la Biblia ya casi ha desaparecido en muchos hogares. Los niños no estudian su lección de Escuela Sabática. Sus padres, y especialmente la madre, parecieran que están tan ocupados en otras cosas que no tienen tiempo para la instrucción religiosa de sus hijos.

 

Segundo, muchos de estos niños tampoco asisten a su clase de Escuela Sabática. Y si llegan a la Escuela Sabática, llegan tarde.

 

Tercero, y para el colmo de los males, en lugar de enviar a estos niños a una de nuestras escuelas Adventistas los enviamos a las peligrosas escuelas públicas.

 

¡Y luego nos preguntamos porque muchos de nuestros jóvenes están abandonando la iglesia! Estamos descuidado lo más importante: la fe. “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Falta la fe en el hogar, falta la fe en las iglesias, y nos falta fe en nuestras escuelas.

 

“Se me ha presentado insistentemente la necesidad de establecer escuelas cristianas. En las escuelas de hoy, se enseñan muchas cosas que son más bien un obstáculo que un beneficio. Se necesitan escuelas donde se haga de la Palabra de Dios la base de la educación. Satanás es el gran enemigo de Dios y su designio constante es apartar las almas de la lealtad que deben al Rey del cielo. Quisiera tener disciplinadas las mentes de tal modo que los hombres y las mujeres ejerciesen influencia en el sentido del error y la corrupción moral, en vez de usar sus talentos en el servicio de Dios. Logra eficazmente su objeto cuando, pervirtiendo sus ideas acerca de la educación, consigue poner de su parte a los padres y los maestros; pues una educación desacertada a menudo coloca la inteligencia en el sendero de la incredulidad.” (EGW)

 

Decidamos hoy hacer las cosas como Dios ha mandado. Si Dios dice que debemos dar una educación cristiana a cada uno de nuestros niños hagámoslo ya. No compliquemos lo que es fácil. Hoy como en los tiempos pasados cada una de nuestras iglesias necesita su “cuarto de escuela.” No necesitamos construir grandes escuelas para poder empezar. Comencemos con escuelas pequeñas en diversos lugares. En cada uno de nuestros distritos de iglesias Adventistas los padres deben unirse y proveer un lugar humilde pero limpio para la educación cristiana de sus niños y emplear a un maestro misionero para que venga y les ayude a educar a sus niños de tal manera que los pueda guiar a llegar a ser misioneros ellos mismos. Nunca debemos olvidar que la religión de la Biblia es la parte más esencial de la educación. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.” Proverbios 9:10

 

Bajo el soplo del Espíritu Santo no más vamos a permitir que Satanás nos siga robando los corderos del rebaño. Busquemos hoy sacar a nuestros niños de las escuelas públicas que contaminan su moralidad. No podemos permitir que las mentes de nuestros jóvenes sean leudadas con las espinas del escepticismo en las escuelas comunes; pues es en estos jóvenes que debemos depender para llevar adelante la obra del futuro. Llego la hora de juntar a nuestros niños y educarlos para Dios. Con la ayuda de nuestras escuelas Adventistas levantaremos todo un ejército de misioneros para trabajar para Dios.

 

Por Jacinto Flores Jr., MDiv